(Segunda parte)“Deje así”:
- Luis Alberto Torres
- hace 2 días
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LA LÓGICA CORPORATIVA DE LA FIFA, DOMINACIÓN MASCULINA Y LA RENUNCIA CIUDADANA A UNA ÉTICA MÍNIMA.
Por: Luis Alberto Torres Alvarez
En la primera parte resalté cómo la FIFA constituía un caso extraordinario en estos temas. Pocas organizaciones contemporáneas reúnen simultáneamente un libreto tan completo. Hegemonía masculina, corrupción ampliamente conocida, impunidad reiterada, concentración excepcional de poder económico, político y simbólico, legitimidad social y una adhesión emocional incondicional de miles de millones de personas de todas las edades, condiciones, niveles, escalas sociales y económicas, como ninguna otra del planeta.
Una institución que sobrevive pese a que sus escándalos de todo tipo salen a la luz pública, sin ningún pudor. Sobrevive, porque no erosionan el vínculo emocional que millones de personas mantienen con ella. En esa singular combinación reside su mayor fuerza. La FIFA es un enorme laboratorio antropológico desde el cual podemos observar, entre otras cosas, qué relación existe entre el espectáculo, la legitimidad y el juicio ético en las sociedades contemporáneas.
¿Por qué permanecemos en esa relación? porque habita nuestros afectos, nuestros recuerdos, nuestras lealtades y una parte de nuestra identidad. Los seres humanos habitamos zonas de negociación permanente entre nuestras convicciones y nuestras prácticas. Aprendimos a convivir con ellas mediante relatos que preservan una imagen razonablemente coherente de nosotros mismos. La pregunta se nos devuelve, como en un espejo. Deja de apuntar únicamente hacia la FIFA. Empieza a señalarnos como espectadores. ¿Por qué debo apartarme del espectáculo que veo, en televisión, en redes o en vivo, si lo que voy a disfrutar es el juego de mi equipo, no la debida diligencia de la FIFA?
Aparece con todo su furor el cinismo contemporáneo, esa forma de conciencia que conoce perfectamente las contradicciones de una realidad y, aun así, continúa participando en ella. El "deje así" se convierte en una de las expresiones cotidianas de ese cinismo ordinario que no constituye una renuncia completa a la ética, sino una manera de negociar con ella. Si esa hipótesis es correcta, la pregunta inicial deja de pertenecer exclusivamente a la FIFA y pasa a interrogarnos a nosotros mismos y a la forma en que, después de tantas promesas incumplidas de la modernidad, de la Ilustración y de los grandes relatos emancipadores, seguimos construyendo legitimidad para instituciones cuya fragilidad ética conocemos hoy mejor que nunca y sin embargo, no nos importa.
Esto nos muestra otro aspecto olvidado. Los seres humanos no actuamos conforme a una racionalidad especial, única, donde conocer conduce necesariamente a actuar y donde la conciencia ética produce automáticamente coherencia. Si así fuera, la FIFA habría perdido hace décadas la legitimidad que los escándalos parecían condenar. Ha ocurrido exactamente lo contrario. Habitamos sistemas de afectos, proximidades, identidades y distancias que ninguna lógica alcanza a describir completamente.
Ahora demos un vistazo rápido a las cifras sobre el ecosistema económico del fútbol mundial. Tratemos sin embargo de comprenderlas en otra dimensión para hacer analogías de su uso e impacto. Son además cifras públicas. El Mundial de 2026 movilizó más de 30.500 millones de dólares entre los tres países anfitriones. La FIFA obtuvo cerca de 9.000 millones de dólares en ingresos directos. Una entrada para el partido final entre España y Argentina, alcanzó valores cercanos a los 35.000 dólares. En pesos colombianos son un poco más de 120 millones. Nada de ello permaneció oculto. Todo fue público, celebrado y ampliamente difundido. El verdadero acontecimiento no fue la magnitud del negocio, sino la extraordinaria capacidad que hemos desarrollado para tolerarlo sin que produzca una fractura significativa en nuestra conciencia. ¿A quién le importa? Deje así. No se perturbe por eso, disfrute el show.
La FIFA, mediante un solo torneo de un mes que proyectó un impacto de 30.500 millones de dólares, fue capaz de emular y absorber el equivalente al 5% de toda la economía anual de Argentina (PIB de $640.000 millones) o casi el 10% del aparato productivo de Colombia (380.000 millones). Mientras las sociedades del Sur Global sostienen el andamiaje productivo de sus repúblicas y asumen los riesgos financieros de la competencia, la FIFA opera estratégicamente desde Zúrich bajo un especial blindaje jurídico pues figura como una "asociación voluntaria sin fines de lucro".
Legalmente, la FIFA comparte el mismo estatus jurídico en el código civil suizo que una organización religiosa, un club de ajedrez local o un centro de refugio para animales domésticos. Esa categoría de asociación sin fines de lucro fue diseñada originalmente para proteger a entidades de beneficencia, pero el monopolio del fútbol la utiliza como el esquema de optimización fiscal más lucrativo del planeta.
Este le permite además eximirse de impuestos corporativos sobre sus miles de millones de ingresos, demostrando cómo extrae las plusvalías financieras bajo la paradójica etiqueta legal de ser un club comunitario con una inmunidad fiscal y jurídica que ninguna nación- del sur global- podría otorgarles a expensas de su propia soberanía tributaria. Por eso la sede de esta humilde corporación está en Suiza, no en Latinoamérica o en África.
La FIFA ha sido capaz de acumular semejante poder económico, cuya legitimidad ética hace tiempo dejó de ser ejemplar y continúa convocando sin dificultad, nuestra lealtad, nuestro tiempo, nuestro dinero y nuestras emociones, porque aprendimos a convivir con contradicciones que ya no sentimos la necesidad de resolver. “Deje así”. La corrupción ya no necesita esconderse porque dejó de ser decisiva para la experiencia del espectáculo.
El partido continúa. El gol se grita igual. Durante siglos confiamos en que la educación, la cultura y la razón producirían ciudadanos cada vez más exigentes frente al poder. Sin embargo, terminamos perfeccionando la capacidad de convivir con contradicciones cada vez más visibles sin que alteren significativamente nuestras formas de participar. El "deje así" se convierte en una sofisticada tecnología cultural. Una forma silenciosa de administrar la distancia entre lo que sabemos y aquello que, libremente, seguimos legitimando y nos sigue emocionando. La conciencia encuentra, como siempre, un relato suficientemente cómodo para seguir habitando consigo misma.
Al final, la FIFA resulta casi anecdótica. Mañana será otra corporación, otra plataforma digital, otra industria, otro espectáculo. Lo que permanece es la pregunta. No por las instituciones que producen el espectáculo, sino por el tipo de ser humano que ese espectáculo necesita para seguir existiendo; por el tipo de ser humano que nosotros mismos decidimos ser cuando aceptamos ocupar, con absoluta naturalidad y hasta con alegría, nuestro lugar dentro del “parque humano” contemporáneo.
Post scriptum
Quizá el verdadero parque humano contemporáneo no esté delimitado por rejas, sino por espectáculos capaces de organizar nuestras emociones, administrar nuestras pertenencias y distribuir nuestras indignaciones con una eficacia extraordinaria. La FIFA es apenas una de sus vitrinas más monumentales.
¿Por qué se da con cierta facilidad todo esto? Sloterdijk plantea el fracaso del humanismo literario, en tanto que el humanismo tradicional (la lectura, la filosofía, la reflexión) funcionaba como una gran carta de amor que unía a las personas en una comunidad civilizada y ética. Hoy, esa sociedad de lectura colapsó. El ejemplo traído a colación; esto es, el fútbol globalizado y el espectáculo audiovisual, son parte de esos nuevos textos que unen a la humanidad. Al sustituir la reflexión por la emoción instantánea, la sociedad perdió herramientas para indignarse de forma efectiva. Para el filósofo citado, “el parque humano” es una metáfora para llamar la atención sobre cómo la sociedad actual está bajo técnicas de biopolítica y control mediático.
Los ciudadanos son gestionados como habitantes de un parque temático o un zoológico humano. En este diseño, la corrupción de la FIFA o la desigualdad no provocan una rebelión porque el entretenimiento está planificado para mantener el orden y el confort emocional de los cuidadores y de los animales en cautiverio. Al público le importa el resultado del juego, no las reglas del parque, por eso, “deje así”.
Referencias bibliográficas
Sloterdijk, P. (2003). Crítica de la razón cínica (M. Á. Vega, Trad.). Ediciones Siruela. (Obra original publicada en 1983).
Sloterdijk, P. (2000). Normas para el parque humano: Una respuesta a la Carta sobre el Humanismo de Heidegger (T. Rocha Barco, Trad.). Ediciones Siruela. (Obra original publicada en 1999).
Fuentes consultadas en la web
-Datos de PIB (Argentina, Colombia, Ecuador y Paraguay): Base de datos macroeconómica oficial del Banco Mundial (data.worldbank.org).
-Estatus fiscal de la FIFA en Zúrich: Reporte de investigación jurídica de Swissinfo (swissinfo.ch).
-Finanzas e impacto económico del Mundial 2026: Análisis de economía deportiva de El País (elpais.com) y de Forbes (forbes.com).
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