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"Deuterio, El Salvador"...

29 jul
8 min de lectura


Ad lectorem


Antes de que empiecen a leer, quiero hacerles una advertencia y confesión evidente. No soy físico, ni químico, ni ingeniero nuclear; ni experto en religiones. Soy, ante todo, un aprendiz, autodidacta, guiado por una inmensa curiosidad. Llegué a este tema, que para la mayoría puede sonar a chino o mínimo a religión, motivado por mis estudios de maestría en derecho ambiental. Apareció colateralmente cuando estaba investigando sobre debida diligencia empresarial ecológica. En mi empeño por buscar, analizar y entender una matriz de energía diferente a la fósil, una alternativa real que nos liberase del callejón sin salida del petróleo y sus derivados, me encontré con este secreto a voces. Me prometí, en algún momento, atreverme a compartirlo. Tuve que, literalmente, sentarme a estudiar, para comprender y descifrar algunos conceptos complejos. Lo que descubrí me dejó perplejo, a la vez que me pareció tan fascinante, y tan trágicamente oculto, que sentí la necesidad, desde mis muy limitadas posibilidades de interpretación, de atreverme a contarlo a mi manera. Bienvenidos a este viaje.

 

I. Deuterio, el salvador…


En la historia de las religiones del mundo encontramos cientos de nombres de seres o entidades, algunas más cercanas o lejanas a nosotros, dependiendo de múltiples circunstancias y razones, procesos de interrelación y comunicación. En nuestro caso, como hijos de una invasión y posterior colonización, Jesús de Nazaret, considerado dentro del catolicismo el hijo de Dios y salvador de la humanidad, nos es más familiar que Buda o Siddhartha Gautama, quien sigue siendo el guía espiritual predilecto sobre todo en Asia oriental y el sudeste asiático.


Krishna, deidad principal dentro del hinduismo, hoy en día es mayoritariamente admirado y seguido en países como Nepal, India y Mauricio, una pequeña isla en el índico. Alá (Allah) la deidad única y central del Islam es hoy adorado en una inmensa región geográfica que abarca el norte de África, Oriente Medio y el sudeste asiático, principalmente. Cuenta con más de 2000 millones de fieles; esto es, el 25% de la población mundial.


En cuanto a nuestras deidades, las de este lado del Atlántico, en nuestro hoy vituperado sur global, encontramos en la región andina a Viracocha, Inti y Pacha Mama que, tanto en Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador, norte de Chile y Argentina, siguen recibiendo ofrendas rituales, sin mencionar las de las comunidades indígenas del trapecio amazónico. El panteón del hoy llamado México y Centroamérica, no podía faltar. Allí encontramos a Quetzalcóatl (La serpiente emplumada), Huitzilopochtli, Tláloc y Coatlicue, más las deidades mayas.


Pero ¿quién es este Deuterio? En el oído de cualquiera, la palabra rima a la perfección con la musicalidad sagrada del canon bíblico del antiguo testamento hebraico: Génesis, Éxodo, Levítico, Números... y ahí, justo al lado del Deuteronomio, encajaría de forma impecable este intruso. Es fácil imaginarlo como un texto oculto entre las profecías de Isaías o Malaquías, dictando leyes morales para la humanidad. Sin embargo, este “deuterio” no lo encontrará en las páginas de la Biblia, ni en ningún texto sagrado de otra religión o creencia. Deuterio está en la tabla periódica de Mendeléyev, y aunque no contiene mandamientos divinos, esconde en su núcleo un poder casi celestial.


Deuterio es un isótopo de hidrógeno. Esto quiere decir que es un hermano gemelo del hidrógeno. Pertenece a la familia del hidrógeno que es un elemento famoso, ligero y abundante en el universo. Y no fue desenterrado por arqueólogos en el mar Muerto, sino aislado en un laboratorio un diciembre de 1931 por el químico estadounidense Harold Urey. Al meter un protón y un neutrón bajo el mismo techo atómico, descubrió el “hidrógeno pesado” y se ganó un premio Nobel de química en 1934. La ciencia, en ese momento, creyó haber encontrado una especie de Santo Grial, pues se trataba de un átomo abundante, agazapado de forma inocente en el agua común de los océanos, pero capaz de desencadenar la energía de las estrellas a través de la fusión nuclear.


Si, así como lo leen. Se abría la puerta a una fuente de poder prácticamente ilimitada para la especie humana. Pero este milagro de 1.931 pasó “de agache”, este salvador fue ocultado y convenientemente archivado en los sótanos del olvido corporativo. La revelación científica no llegó en un momento de iluminación espiritual, sino en vísperas de la locura global de la guerra. En lugar de usar al deuterio para iluminar el futuro, el poder del momento optó por convertirlo en el ingrediente secreto y codiciado por nazis y aliados para fabricar plutonio y parir la bomba atómica. El “salvador” energético fue secuestrado en los laboratorios militares de la segunda guerra mundial, naciendo ante el público no como un motor de vida, sino como el heraldo del apocalipsis nuclear.


II. El Falso Dios del siglo XX


Mientras el deuterio era satanizado y ocultado en búnkeres, su gran archienemigo se coronaba como el verdadero Dios de la civilización occidental: el petróleo. Sin haber sido mencionado una sola vez en el antiguo testamento, el oro negro, el crudo, dictó la liturgia del siglo XX. Henry Ford, por ejemplo, construyó los primeros templos rodantes -automóviles- que posteriormente inundarían el mundo, para adorarlo y la geopolítica mundial se convirtió en su santa cruzada. La primera y la segunda guerra mundial, y más tarde los altares de sangre en Corea, Vietnam, Irán e Irak, no fueron más que sacrificios humanos en la tras escena global para asegurar el flujo de este dios viscoso de la entraña de la tierra. La humanidad entera se arrodilló a profesar la fe del hidrocarburo.


Hoy vivimos la resaca de ese culto, atrapados en una crisis energética porque los fieles olvidaron un pequeño detalle. El dios petróleo no se puede fabricar, hasta ahora, en ningún laboratorio. Es el residuo de millones de años de presión, calor y dinosaurios descompuestos que la arrogancia humana consume en un parpadeo, creyendo que el tanque es eterno. Como buenos fanáticos, expandimos su religión a cada rincón; sus derivados, los plásticos, saturan hoy los océanos y nuestros propios cuerpos como ídolos omnipresentes. El petróleo es tan universal que, de forma sofisticada, nos lo desayunamos en las margarinas para untar el pan, en conservantes, fungicidas, nos lavamos con él en los jabones y nos lo untamos en la cara con la cosmética. Una civilización que, literalmente, come y respira los desechos de su deidad fósil.


Y es aquí donde la historia adquiere su tono de epopeya trágica, con el regreso del hijo pródigo: “Deuterio, el Salvador”. Ante el colapso inevitable del petróleo, el viejo átomo olvidado de 1931 vuelve a cobrar una importancia descomunal como la gran promesa de la fusión nuclear limpia. Pero el drama humano no cambia. Un selecto 1% de la sociedad, las élites corporativas y los sumos sacerdotes de la matriz energética actual, sigue decidiendo el destino de los otros 8.000 millones de personas que habitamos el planeta. El deuterio y la energía nuclear se mantienen bajo una calculada campaña de satanización mediática. Después de todo, ¿qué pasaría con el orden mundial si el agua del océano pudiera darnos energía a todos? El colapso de los monopolios y de las corporaciones dueñas de las cadenas de producción fósil sería total; por eso, el verdadero conocimiento sigue siendo el secreto mejor guardado de los nuevos imperios.


A diferencia de la fisión tradicional (que rompe átomos y deja residuos radiactivos durante milenios), la fusión une núcleos de deuterio para imitar el motor de las estrellas. El resultado es una fuente de poder colosal que deja en vergüenza a las llamadas “energías verdes”. Mientras los paneles solares y los molinos eólicos saturan hoy los vertederos con toneladas de palas de fibra de vidrio y metales pesados que nadie sabe en dónde poner, o cómo reciclar, la fusión de deuterio es la energía más limpia hasta ahora conocida. Su único residuo es el helio, un gas inofensivo con el que inflamos globos de cumpleaños y distorsionamos nuestra voz y nuestra risa.


Con esta fuente inagotable de energía, no hay emisiones de carbono, no hay minería destructiva a gran escala y, lo mejor de todo, el combustible necesario para abastecer a una persona durante toda su vida cabe en un solo vaso de agua de mar. Por eso, el verdadero salvador sigue crucificado bajo el peso de los intereses económicos, esperando que la humanidad decida, por fin, abrir los ojos.


III. La Profecía de las Estrellas (2050)


Detrás de los titulares alarmistas y el escepticismo patrocinado por las petroleras, el verdadero testamento del deuterio se está escribiendo ahora mismo en los laboratorios más avanzados del planeta. No estamos hablando de ciencia ficción, sino del estado actual de la investigación en fusión nuclear. Proyectos colosales alrededor del globo y miles de millones de dólares en inversión privada están logrando lo que hace una década parecía imposible; esto es, recrear el motor del sol en la tierra atrapando el deuterio en potentes campos magnéticos. Los expertos más rigurosos estiman que en los próximos 20 o 30 años, hacia las décadas de 2040 o 2050, las primeras plantas comerciales de fusión estarán conectadas a la red eléctrica mundial.


Es una ventana de tiempo corta que abre una luz de esperanza. Cuando el deuterio se perfeccione y el agua de mar se convierta oficialmente en combustible ilimitado, el planeta por fin podrá descansar del petróleo. Pero el verdadero milagro no será solo ambiental, sino social. Al democratizar la energía y quitarle el control de la luz a ese pequeño pero poderoso porcentaje corporativo, colapsarán las lógicas de escasez sobre las que se fundó el capitalismo salvaje. Una energía libre e infinita propiciará sistemas económicos radicalmente nuevos y otra manera de relacionarnos como especie, donde el poder ya no se mida en barriles de crudo ni en pozos vigilados por ejércitos. Puede que, después de todo, la profecía oculta de 1931 sea real y el deuterio termine salvándonos, no de nuestros pecados, sino de nuestra propia codicia.


Post scriptum


Para el lector escéptico que sospeche que este relato es solo el delirio conspirativo de un jurista ambiental, la cruda realidad aguarda en los archivos de la ciencia oficial. Los documentos que desclasificaron la batalla geopolítica por el “agua pesada” en la segunda guerra mundial y los datos del proyecto internacional ITER, demuestran que el deuterio siempre ha estado allí, esperando su momento detrás del muro corporativo. Pero el verdadero veredicto histórico lo firmó la propia ciencia en 2023, cuando una investigación de la revista Science desnudó las proyecciones globales de ExxonMobil: las grandes corporaciones del crudo sabían, con precisión matemática desde los años 70, que su dios fósil estaba acelerando el efecto invernadero, cocinando la atmósfera del planeta, y eligieron financiar el silencio. El ocultamiento no es una hipótesis de ficción; es la liturgia comprobada del viejo imperio energético. A continuación comparto algunas fuentes con la información mencionada.

 

Supran, G., Rahmstorf, S., & Oreskes, N. (2023). Assessing ExxonMobil’s global warming projections. Revista Science, 379(6628). Este es el estudio científico definitivo que demostró cuantitativamente que los modelos climáticos internos de ExxonMobil entre 1977 y 2003 predijeron el calentamiento global con una precisión de entre el 63% y el 83%, proyectando un aumento de 0.20 °C por década. Este análisis confirma una contradicción directa, donde la empresa poseía conocimiento científico superior mientras financiaba campañas públicas de escepticismo climático. Exxon predijo el cambio climático y decidió ocultarlo y financiar campañas de negacionismo para proteger sus ganancias.

 

Rhodes, R. (1986). The Making of the Atomic Bomb (La creación de la bomba atómica). Simon & Schuster. Este libro histórico narra cómo la segunda guerra mundial convirtió al deuterio y el agua pesada, claves para moderar reactores y fabricar plutonio, en herramientas militares geopolíticas. La producción en Vemork, Noruega, fue tomada por los nazis, provocando el sabotaje aliado en la planta y el uso de recursos para el Proyecto Manhattan, retrasando aplicaciones pacíficas.

 

Corporate Europe Observatory (CEO). (s. f.). Informes sobre el lobby de los combustibles fósiles. Los reportes de este observatorio analizan de forma sistemática cómo los grupos de presión del sector de los combustibles fósiles influyen en las políticas públicas y en la toma de decisiones dentro de la Unión Europea, Estados Unidos y otros parlamentos internacionales.

 

Fuentes de consulta web


Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). (s. f.). ¿Qué es el deuterio? Portal institucional de las Naciones Unidas. Disponible en: iaea.org

 

The Nobel Prize. (1934). Harold C. Urey – Facts. Registro oficial de la Fundación Nobel. Disponible en: nobelprize.org

 

ITER Organization. (s. f.). ITER - The Way to Fusion Energy. Estado actual de la investigación internacional en fusión nuclear. Disponible en: iter.org

 
 
 

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