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Gallera electoral: ¿Por qué Colombia prefiere el odio de los extremos a la sensatez, el equilibrio y la serenidad?

Mayo 29 de 2026



Por: Luis Alberto Torres Alvarez


Estamos a escasos tres días de las elecciones y el espectáculo digital es dantesco. Las bodegas y las redes de uno y otro extremo político operan alucinadas, embriagadas de un odio que nubla cualquier posibilidad de discernimiento. El país es incapaz de ver o procesar la serenidad, el equilibrio o la cordura de una opción ajena a los fanatismos; la sensatez y el respeto mutuo son hoy los verdaderos enemigos públicos. El odio histórico y el resentimiento acumulado se justifican con descaro de lado y lado: se ofenden mutuamente mientras clavan la mirada en el retrovisor, estacionados en un pasado estéril e incapaces de proyectar el presente o el futuro.


La ciudadanía prefiere inmolarse en las trincheras de los extremos antes que respaldar una decisión colectiva que incluya de verdad a todo el país, a las urbes y el sector rural, a sus mujeres, a sus niños y a sus jóvenes. Esto no es un debate democrático; es una contienda de machos alfa. Da igual que haya mujeres en los tarjetones; la lógica de la campaña es la de un ring de boxeo, la de una gallera. Existe una fascinación morbosa por la opulencia de la opacidad y los códigos de lo oscuro y la violencia. Al electorado le atrae el exhibicionismo primitivo del capo, con uniforme o sin uniforme o del gamonal que amedrenta al disidente, porque ese poder bruto es el único lenguaje que cincuenta años de desierto educativo le han enseñado a respetar.


Paralelamente, las subalternidades históricas han sido inoculadas con el mismo veneno. Los liderazgos indígenas y afrodescendientes han terminado contaminados por esta retórica binaria de la intransigencia. Despojados de un puente educativo que los integrara desde la ciudadanía y no desde la trinchera, sus discursos mutaron en resentimiento dogmático. Ya no se busca justicia institucional, sino la revancha tribal. Todos los actores están listos para la confrontación. El país prefiere el abismo porque la luz de la razón exige un esfuerzo mental para el que los dueños del poder decidieron no capacitarnos.


El mito de los recursos frente a la verdadera riqueza que no vemos


La identidad nacional se estructuró sobre la noción de que el valor de este país depende de sus ventajas geográficas y recursos naturales. Crecimos creyendo que poseer pisos térmicos diversos, dos océanos, selvas, carbón, flores, café y petróleo constituía una riqueza inherente y suficiente. ¡Qué falacia! La abundancia de materias primas sin una población con educación de calidad deriva en neoesclavitud, manipulación, marginalidad. Entre economías extractivistas, rentistas o economía planificada en extremo, acabando con la poca industria y empresa existente. Todo para justificar la violencia estructural, cultural y directa que vende en las campañas políticas.


Según el indicador de la base de datos de los indicadores del desarrollo mundial (WDI) del Banco Mundial del año 2024, Colombia registró un coeficiente de Gini de 54,4, consolidándose como uno de los países con mayor desigualdad en la distribución del ingreso a nivel planetario. Esta disparidad coexiste con una debilidad institucional endémica. Que no ha sido solucionada. De acuerdo con el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional (enero, 2026), el país se mantiene estancado con una calificación crítica de apenas 37 puntos sobre 100. Rajados. Esto se traduce en una ausencia estatal absoluta en la periferia geográfica, cuyo vacío es sustituido por el control de actores armados y economías ilegales, nacionales y transnacionales. Insistimos: La riqueza real no sólo está en el subsuelo, sino en el sistema educativo. ¿Pero a quién le importa?


La precarización de la educación pública en Colombia fue una decisión de política pública implementada de forma sistemática desde el último decenio del siglo XX. La contracción presupuestal y la eliminación de componentes humanísticos curriculares, despojaron a profesores y estudiantes de herramientas de análisis crítico. El resultado fue y es aún, un vacío absoluto de conocimientos útiles y cultura política. Ante el colapso de unos medios masivos tradicionales subordinados a conglomerados económicos, el debate migró a las redes digitales. Allí, la orfandad educativa se encontró con algoritmos gestionados por extremos ideológicos que operan sobre y desde el odio. Es una lógica primitiva propia de sociedades históricamente excluidas que procesan el mundo en términos binarios: amigo o enemigo, izquierdas o derechas, ricos o pobres. La reflexión pausada, serena, respetuosa, es un bien escaso y activamente despreciado por unos y otros; el voto no es una apuesta programática, sino una purga emocional guiada por la rabia, el resentimiento y el miedo.


La tragedia de las cifras y el narco-ecosistema


La frialdad estadística le pone dimensiones matemáticas a esta fractura mental. En la presentación de resultados de pobreza monetaria del DANE de julio de 2025, se expuso que la tasa de pobreza monetaria en el país era del 31,8%, lo que equivale a 16’238.000 personas bajo la línea de privación básica. En la ruralidad dispersa, el indicador oficial se disparó de manera drástica alcanzando el 42,5% de la población campesina.


El panorama empeora al revisar las carencias estructurales. En el boletín técnico de pobreza multidimensional del DANE de abril de 2026, se develó que la incidencia de la pobreza multidimensional en la Colombia rural es del 22,4%, una cifra que es 3,5 veces superior a la de las cabeceras urbanas, donde se ubica en el 6,3%. Traducido del lenguaje tecnocrático a la realidad, esto significa que, nacer y vivir en el campo colombiano multiplica por tres la probabilidad de carecer de servicios públicos, salud y educación digna frente a quien habita en el asfalto. Es la prueba matemática de nuestra tragedia. Las regiones dueñas de la riqueza física del subsuelo albergan a las poblaciones más despojadas de capital cognitivo.


Bajo este escenario de exclusión, el indicador tradicional de alfabetismo oculta el verdadero drama: el analfabetismo funcional. Tres generaciones consecutivas ostentan credenciales académicas sin poseer la capacidad real de asimilar textos complejos, evaluar una ley o interpretar la economía local. Hay dificultades para resolver operaciones matemáticas básicas. Condenar a millones a la precariedad mental garantiza una masa dócil frente a los estímulos del caudillo de turno, sea de izquierdas o derechas.


En este entorno desprovisto de oportunidades legítimas, el narcotráfico se configuró y consolidó como el principal canal de ascenso económico. A la vista de todos. Con todo el descaro y cinismo posible. Asistimos a la consolidación de la tercera generación de un ecosistema criminal altamente estratificado. El fenómeno del "traquetismo" abarca desde lavadores de activos de cuello blanco integrados en el sistema financiero urbano, hasta mandos medios regionales que monopolizan el suelo, el transporte y la ganadería. Esta masa de beneficiarios directos e indirectos ha traducido su poder económico en representación electoral real en las corporaciones públicas de las regiones, alineándose de manera orgánica con las expresiones políticas extremas.


El político de izquierda o de derecha, polarizador, requiere el financiamiento opaco, oscuro y el control territorial; las estructuras criminales necesitan la parálisis institucional y la confrontación ciega para garantizar su impunidad. Ambos actores se alimentan de la falta de educación del electorado. La estética y la praxis del "traqueto contemporáneo" constituyen la expresión más hiperbólica del patriarcado en el contexto local. Representa la validación del sujeto masculino exclusivamente a través de la violencia, el dinero fácil, el control territorial y la cosificación de las mujeres como mercancía de estatus. Es el triunfo del macho alfa sin más argumento que la fuerza bruta. Ante la falta de horizontes profesionales, los jóvenes de las regiones rezagadas encuentran en el ejercicio de la fuerza armada la única vía expedita de afirmación y sustento. Nada nuevo en la historia de Colombia. La violencia sociopolítica y el machismo intradomiciliario son las dos caras de la misma moneda.


Conclusión: El aplauso al verdugo


Al final, la verdadera tragedia colombiana no radica en la escasez de recursos, sino en la abrumadora abundancia de nuestra propia ceguera. El próximo domingo, cuando las urnas se cierren y los algoritmos proclamen al nuevo caudillo vencedor, el país celebrará el triunfo de la confrontación. Nos habrán convencido, una vez más, de que la solución a la miseria es extraer un poco más de petróleo, o comprarlo a otros; perseguir con más saña al enemigo de turno o profundizar las trincheras identitarias. Seguiremos asistiendo gustosos a esta gallera nacional donde el equilibrio es castigado con el olvido y la racionalidad se condena como tibieza y cobardía. Mientras no entendamos que la única riqueza real de un país se cultiva en las aulas, seguiremos siendo eso: una masa dócil y funcionalmente analfabeta, atrapada en una masculinidad violenta y previsible, aplaudiendo con entusiasmo al verdugo político de turno que nos desvalijará el futuro en nombre de cualquier cosa y extremo. En Colombia, el último, que apague la luz, porque para la oscuridad que se avecina ya estamos perfectamente entrenados.


Referencias y Sustentación Técnica:


Banco Mundial. (2024). Gini Index: World Development Indicators database. Washington, D.C.: The World Bank Group. Disponible en la plataforma oficial de datos abiertos del Banco Mundial bajo el indicador de distribución del ingreso (SI.POV.GINI) para Colombia [bancomundial.org].

 

Departamento Administrativo Nacional de Estadística [DANE]. (2025, julio). Presentación de Resultados de Pobreza Monetaria en Colombia 2024. Bogotá D.C.: Dirección de Difusión y Cultura Estadística. Documento oficial de prensa sobre líneas de privación económica básica y distribución por dominios geográficos (cabeceras urbanas vs. ruralidad dispersa).

 

Departamento Administrativo Nacional de Estadística [DANE]. (2026, abril). Boletín Técnico: Pobreza Multidimensional en Colombia (IPM) - Periodo Evaluado 2025. Bogotá D.C.: Dirección de Metodología y Producción Estadística. Indicadores sectoriales sobre brechas estructurales de habitabilidad, salud y educación en centros poblados.

 

Transparencia Internacional. (2026, enero). Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2025: Análisis global e institucional de riesgos sistémicos. Berlín: Transparency International / Capítulo Colombia (Transparencia por Colombia). Informe anual de métricas de opacidad y captura de rentas en el sector público.

 

 

 
 
 

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