Masculinidades en renovación frente al colapso del orden patriarcal
- Luis Alberto Torres
- 9 sept 2025
- 4 Min. de lectura
Por: Luis Alberto Torres Álvarez
Introducción
El patriarcado, como orden social, político y cultural, se encuentra en crisis. Sus pilares- la dominación masculina, la explotación de la naturaleza y la exclusión de lo diverso- muestran fracturas profundas en las sociedades contemporáneas. Esta crisis no significa, sin embargo, que el patriarcado haya desaparecido; por el contrario, se manifiesta con nuevas resistencias, violencias y mecanismos de adaptación. Frente a este escenario, urge pensar y practicar masculinidades en renovación, entendidas no como un modelo acabado o heroico, sino como un tránsito continuo, incierto y autocrítico. Este ensayo explora esa necesidad, recuperando voces críticas del feminismo y de la teoría social, y propone una visión política concreta: hombres que asuman la revisión constante de sus privilegios, que comprendan la derrota de un orden en colapso y que reconozcan a las mujeres y a los movimientos feministas como aliadas indispensables en la construcción de un horizonte distinto.
El colapso del orden patriarcal
En palabras de Silvia Federici, “el patriarcado no es una estructura natural e inmutable, sino una tecnología de poder históricamente configurada para asegurar la subordinación de las mujeres y el control de los cuerpos” (El patriarcado del salario, 2018, p. 27). Esta tecnología hoy evidencia grietas que hacen visible su agotamiento. Rita Segato lo formula con claridad: “el patriarcado de baja intensidad se ha convertido en un patriarcado de alta intensidad, más cruel y feroz en sus métodos, porque se sabe en crisis” (La guerra contra las mujeres, 2016, p. 35). Dicho colapso no significa su derrumbe inmediato, sino su mutación en formas más violentas y adaptativas.
Al mismo tiempo, como advierte Judith Butler, el sistema de género que sostiene al patriarcado no solo regula lo femenino, sino que “impone una matriz de inteligibilidad que restringe qué vidas pueden ser reconocidas como vidas” (El género en disputa, 1990/2001, p. 22). Así, la crítica feminista revela que la derrota del patriarcado no será súbita ni automática, sino un proceso de transformación cultural y política que exige revisar prácticas, instituciones y subjetividades.
Masculinidades en crisis y la necesidad de renovación
En este contexto, los hombres no pueden permanecer al margen. La masculinidad tradicional, sostenida en el privilegio, la competencia y la negación del cuidado, también se encuentra en crisis. Como sostiene Michael Kimmel, “los hombres se encuentran en un lugar contradictorio: muchos sienten que están perdiendo poder, pero en realidad siguen conservando privilegios invisibles” (Angry White Men, 2013, p. 18). Reconocer esta contradicción es el primer paso para desmontar el mito del sacrificio masculino y comprender que lo que está en juego no es una pérdida, sino la posibilidad de una existencia más libre y justa.
Aquí emerge la noción que propongo de masculinidades en renovación. Entender como un tránsito siempre inacabado, un ejercicio permanente de autocrítica y aprendizaje. No se trata de un héroe, ni de un santo que alcanza una meta definitiva, sino de un sujeto que, como un funámbulo, camina en la cuerda floja entre el machismo heredado y una nueva forma de habitar lo masculino. Tropieza, cae, vuelve a intentar, como un Sísifo contemporáneo que nunca deja de ensayar.
Transformaciones políticas y concretas
Este tránsito no es meramente individual. Implica transformaciones colectivas y concretas: mencionaré algunas.
Políticas públicas: que amplíen licencias de paternidad y promuevan la corresponsabilidad en los cuidados.
Reformas educativas: que cuestionen estereotipos de género y enseñen desde la infancia la igualdad y el respeto por la diversidad.
Organizaciones sociales y laborales: que reconozcan la violencia estructural contra las mujeres y generen protocolos efectivos de prevención.
Formación para Hombres: que en lo cotidiano cocinen, cuiden, acompañen, sin esperar reconocimiento heroico.
Como señala bell hooks, “el feminismo no es un movimiento contra los hombres, sino contra el sexismo” (Feminism is for Everybody, 2000, p. 22). Esto significa que los hombres no deben asumirse como enemigos derrotados ni como salvadores, sino como compañeros y aliados que revisan, una y otra vez, sus prácticas y subjetividades.
Breve conclusión: El colapso del orden patriarcal abre un terreno de disputa. No hay garantía de que el mundo que emerja sea más justo; dependerá de las convergencias colectivas y de la capacidad de hombres y mujeres para reinventar las formas de relacionarse. En este escenario, las masculinidades en renovación son una apuesta política: hombres que entienden que su lugar de enunciación no es la heroicidad ni el sacrificio, sino la derrota ante un modelo en crisis y el deseo de ensayar otra manera de vivir. Un camino acompañado, incierto, pero necesario, donde las mujeres y los feminismos son aliadas estratégicas.
Referencias:
Butler, J. (1990/2001). El género en disputa. Paidós, p. 22.
Federici, S. (2018). El patriarcado del salario. Traficantes de Sueños, p. 27.
hooks, b. (2000). Feminism is for Everybody. South End Press, p. 22.
Kimmel, M. (2013). Angry White Men. Nation Books, p. 18.
Segato, R. (2016). La guerra contra las mujeres. Traficantes de Sueños, p. 35.
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